El café: muchísimo más que una bebida
Imaginemos la siguiente escena: Dushane, el conocido narcotraficante de la serie Top Boy, vuelve a Londres tras una larga estancia en Jamaica. Entra en una pequeña cafetería y pide un café. El empleado, de aspecto moderno y cuidado, le ofrece un blend especial de granos procedentes de Uganda, Brasil y México, destacando su textura aterciopelada. Dushane, acostumbrado a regentar el negocio de la droga en Hackney, se limita a clavar la mirada en el joven y responder con un lacónico: “Bueno”.
Esta viñeta ilustra a la perfección la transformación radical que ha sufrido nuestra relación con el café. Hace apenas unos años, bastaba con pedir “un café” a secas. Hoy en día, nos interesa la procedencia del grano, la altitud de cultivo, el tipo de fermentación, el punto de tueste, el método de extracción e incluso las notas de cata. Hemos convertido un gesto cotidiano en un campo de conocimiento especializado. Al igual que ocurrió antes con el vino, la cerveza artesanal o el pan de masa madre, el café ha dejado de ser una simple mercancía para erigirse en una experiencia completa.
Del mostrador de toda la vida al vaso de cartón
Basta con dar un paseo por el barrio de Gracia, en Barcelona, para toparse con una nueva cafetería de especialidad cada pocos metros. Son locales diminutos, sin la barra tradicional ni mesas abundantes. En su lugar, un mostrador y una fila de clientes que salen con un vaso de cartón en la mano, con rumbo fijo. La dinámica ha cambiado: antes quedar para tomar un café implicaba una conversación reposada en una mesa; ahora quedamos para tomar un café para llevar y la charla se desarrolla mientras caminamos.
Este fenómeno ha llegado incluso a las páginas de publicaciones tan reputadas como The Economist, que dedicó un artículo a Juan Giráldez y Eva Prat. Esta pareja ha impulsado Castellvilar, la primera plantación de café del mundo fuera de un clima tropical o subtropical, ubicada en Sant Vicenç de Torelló (Osona, Barcelona). El reportaje se preguntaba si Europa podría convertirse en el próximo gran productor de café, a raíz de los cambios de temperatura que amenazan el tradicional cinturón cafetero.
Los “terceros lugares” y una estética reconocible
El sociólogo Ray Oldenburg acuñó el término “terceros lugares” para referirse a aquellos espacios que no son ni el hogar ni el trabajo, pero donde la comunidad se encuentra y se reconoce. Durante siglos, ese papel lo desempeñaron las tabernas, las plazas, los callejones o los cafés de toda la vida. Hoy, las cafeterías de especialidad han tomado el relevo con una estética muy definida: madera clara, plantas de interior, cerámica artesanal, poca luz natural, una selección musical cuidadísima y un aroma que parece diseñado para invitar a la pausa.
Se vende mucho más que cafeína. Se vende una forma de estar en el mundo: sentado en una tarima contra la pared, sin saber muy bien cómo cruzar las piernas, o paseando sin prisas a la sombra.
El ritual como refugio frente a la aceleración
El filósofo Byung-Chul Han sostiene que nuestra sociedad, hiperacelerada, ha ido perdiendo sus rituales. Consumimos, trabajamos y nos comunicamos sin ceremonias que marquen el paso del tiempo. En ese contexto, detenerse a esperar un café preparado lentamente por un barista que pesa los granos, controla la temperatura del agua y realiza el vertido con precisión casi litúrgica se convierte en un auténtico lujo. No compramos solo una bebida; adquirimos un ritual… que, eso sí, cuesta alrededor de cuatro euros y medio.
Pero la obsesión no se detiene ahí. Hace unos meses, un artículo provocador defendía el placer, casi culpable, del café instantáneo frente a la liturgia del café de especialidad. El texto, titulado The Case Against ''Good'' Coffee (publicado originalmente en The New York Times), alertaba de que entre molinos de precisión, métodos de filtrado y catas, olvidamos que el café nació para despertarnos y acompañar una conversación. El autor, Peter C. Baker, no critica el café de especialidad por estar malo, sino por la ansiedad de optimización que genera: la sensación de que todo —el café, el pan, el vino, correr, dormir— debe alcanzar la excelencia.
Para quienes deseen iniciarse en este ritual en casa, una buena opción es contar con un buen molinillo de café que permita moler el grano justo antes de la extracción, o una cafetera italiana clásica para un resultado auténtico.
El café como motor del capitalismo
Contenido original en https://www.lavanguardia.com/magazine/lifestyle/20260710/11588100/tomamos-cafe-como-bebida-mas-popular-convertido-ritual-cool.html
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